En la cuadra cinco de la avenida Aramburú en Surquillo se encuentra la Escuela de Oficiales de la Policía de Investigaciones del Perú. El Comandante llega puntualmente haciendo gala de su nuevo Volkswagen Escarabajo color blanco. Es 1984. El Comandante es el nuevo Jefe del Departamento Académico. Los cadetes estudian cuatro años para graduarse de Oficiales y su educación es considerada superior. Los Oficiales de la PIP visten de civil. Generalmente se les puede ver en terno. Portan su placa insignia donde se lee el lema “Honor y Lealtad”.
-Voy a la bodega. ¿Le traigo algo mi Comandante? -dijo el Teniente.
-Una coca cola bien helada por favor.
-Se la traigo de inmediato mi Comandante-sube la mano derecha a la altura de la sien en señal de respeto, pero el Comandante ni lo mira. El Teniente Aquiles es un hombre avispado. Siempre lleva una gran sonrisa en el rostro como si nada le preocupara. Tiene poco tiempo trabajando con el Comandante pero le ha agarrado aprecio. Aunque su estadía en la escuela es temporal, siente que puede aprender mucho de él. Aquiles sufrió una lesión estando de servicio en Ayacucho. Ya está sano y listo para trabajar pero deberá esperar a que salga la tan temida lista de cambios.
El calor era intenso. El Comandante se quitó el saco y lo colocó cuidadosamente en su silla. Aprovechó para quitarse también la sobaquera, donde llevaba su viejo revolver. Notó que era hora de comprar una nueva funda. A Sarita, su secretaria le gustaba verlo en camisa y con la sobaquera puesta. Le parecía atractivo. Tengo un jefe tan guapo, le decía en ocasiones con su sonrisa coqueta y feliz. El comandante sonreía poco y se mantenía serio. Sabía que ella era zalamera con todos los hombres y que aquellos coqueteos eran inocentes.
Casi todos en la institución sabían que el vicio del Comandante era la coca cola y los cigarros ducal.
-¿A dónde vas con tanta prisa?-Preguntó Sarita a Aquiles-. ¡Ah! ya sé vas por la coca cola del Comandante-. Aquiles miró los labios rojos intensos de Sarita y trató de imaginársela bonita sin lograrlo.-Tengo que llevar unos documentos del Comandante. Nos vemos más tarde-dijo Sarita guiñándole el ojo.
Aquiles entró en la bodeguita.
-Señora Edith me da dos coca colas heladitas por favor-dijo Aquiles-Ah y también me da cinco rines.
-El Comandante ya no viene.
-Está bien ocupado.
-Dile que venga pues. Atenderlo siempre es un placer.
-Si claro señora Edith yo le daré su mensaje al Comandante-dijo sonriente el Teniente Aquiles, dándose cuenta que el Comandante no sólo atraía a las mujeres de la institución.
Entró en la Oficina y notó que el Comandante acababa de colgar el teléfono. Sin esperar que Aquiles preguntara dijo: las gemelas ya pidieron su regalo de cumpleaños. A este paso tendré que sacar mis ahorros del Banco Popular. El Comandante agarra el papel carbón y lo coloca entre dos hojas bond. Los introduce en el rodillo de la máquina de escribir y gira la perilla para hacerlos cuadrar.
-Bueno- Mira la hora-continuaré después-¿Vamos a almorzar? Hoy te invito un ceviche.
-Gracias mi Comandante-dijo Aquiles feliz-Aquí está su coca cola.
-Llévala para el camino.
El Comandante manejaba sin prisa. Iba callado. En un semáforo aprovechó para beber la coca cola, y en otro para prender un cigarro.
-La señora Edith lo extraña mi Comandante. Nuevamente preguntó por usted.
-La señora Edith-sonríe-debe hacer sido guapa en su juventud.
-Claro. Se nota que ha sido guapetona.
En la cevichería pidieron una fuente de ceviche de pescado. El comandante pidió también una parihuela, su plato favorito, a pesar del calor.
-Lástima que no podemos tomar unas cervecitas mi Comandante-dijo Aquiles.
-Así es, lástima. He dejado de tomar últimamente la verdad. Ya sabes cuáles son mis únicos vicios, creo que toda la institución lo sabe.
-Mi Comandante están diciendo por ahí que van a unificarnos-dijo Aquiles en voz baja como si los otros comensales fueran a escuchar.
-¡Quién está diciendo tremendo disparate! Eso es una utopía de los tombos-el Comandante hablaba en voz baja también.
A Aquiles le parecía gracioso ver al Comandante enojado. Pues la mayor parte del tiempo parecía un hombre apacible.
-Honor y lealtad Aquiles, recuérdalo-dijo el Comandante en tono melancólico. En el fondo sabía que esas boladas cada vez corrían con mayor fuerza y que no estaban del todo fuera de la realidad.
-Claro mi Comandante. Orgulloso de mi institución.
El mozo trajo la parihuela aún hirviendo y la fuente de ceviche.
-Orgullo debes sentir siempre-dijo el Comandante-Cuéntame por qué decidiste ser un detective.
-Es simple. Yo soy del Rímac. En el Rímac o eres ladrón o te vuelves policía, no hay otra. Todos mis tíos son Republicanos mi Comandante. Me joden por ser PIP. Soy como la oveja negra de la familia, entiende-ríe pero el Comandante sigue serio- cuando se enteraron que ingresé a la escuela pensaron que era broma. Me dicen raya, soplón.
-Y usted mi Comandante-preguntó Aquiles sabiendo que se arriesgaba a no obtener respuesta.
-De niño me gustaban las novelas de detectives y espías. Creo que fue eso. La verdad no recuerdo-contestó parcamente el Comandante más interesado en la parihuela que en otra cosa.
Aquiles pensaba cómo un hombre parco podía ser tan carismático a la vez y tener el aprecio de sus compañeros. Era algo innato. El comandante atraía a la gente.
El comandante vertió la coca cola en un vaso.
-Y muchacho, cómo te va con la novia.
-No tengo novia-dijo en tono pensativo. Podría decirse que tengo por seguidoras a las chicas de mi barrio. Aunque sabe mi Comandante yo tengo una teoría. A las mujeres les gusta los hombres con plata. Otra cosa no las impresiona.
- Las conquistarás con tus galones.
-Espero sea pronto. Cambiando de tema mi Comandante, se enteró usted lo que le sucedió a ese pobre anciano que pedía plata, en la esquina de Paseo de la Republica con Aramburú.
-¿Qué pasó con él?-preguntó el Comandante.
-Murió.
-¿Ha muerto? ¿Cuándo?
-Me contaron que cierto día, y de eso ya casi un mes, un auto lo atropelló y murió instantáneamente en medio de la pista. Agonizaba cuando llegó la ambulancia. El Fiscal casi se desmaya y los transeúntes lloraban porque le habían agarrado cariño-dijo Aquiles dándole cierto histrionismo a su relato.
El Comandante echó una carcajada juguetona como si estuviera en medio de una broma.
-Pero mi Comandante es un hecho trágico. No es para reírse.
-Cómo no me voy a reír si veo la cara que has puesto.
-Me entristeció la noticia. Era un pobre anciano inválido.
La sonrisa no abandonaba al Comandante. Aquiles se sentía burlado sin saber por qué.
-¿Cuándo fue que murió exactamente?
-Hace un mes más o menos, según lo que me contaron.
-Entonces ha resucitado porque yo hablé con él hace unos días.
-¿En serio mi Comandante?
-La verdad es que ha decidido retirarse. Así como lo haremos tú y yo algún día, si es que antes no nos dan de baja.
-Comandante cómo es eso que ha decidido retirarse.
-Sí ha hecho su testamento y ha vendido su casa para viajar por el mundo.
Aquiles pensó que el Comandante le jugaba una broma y dijo en tono inocente como para salir de dudas.
-Pero si es un desvalido.
-Sabes desde qué año pide plata. Y con vacaciones incluidas.
-Sigo sin entender-dijo Aquiles esperando una explicación.
-Un día hace más de veinte años yo estudiaba en la Escuela y recuerda Aquiles que soy detective. Un día me detuve a mirarlo. ¿No te enseñaron a observar en la escuela?. Me di cuenta que había algo de farsa en su minusvalía. Lo seguí una noche. Descubrí que vivía en una casa en Miraflores por Inclán. Me quedé cojudo. Ya estaba ahí así que toqué el timbre. Salió y lo encaré. Le dije ¡oye huevón!, devuélveme todo lo que te ha dado en un mes. Me jodía haber sacrificado varias coca cola por darle dinero. Lo peor es que se rió en mi cara. Parecía que no le afectaba nada. Me dijo ¿eres raya no? Si le dije y ni me molesté. Me dijo que yo había hecho una donación y que las donaciones no se devolvían. Sí cojudo, pero tienes más plata que yo, le dije. Volvió a sonreírme y me dijo ¿quieres pasar? Mi esposa ha preparado la cena.
-Comandante, no tuvo usted miedo.
-Un poco, pero estaba armado y soy un as en tiro al blanco.
-¿Y qué sucedió?-preguntó Aquiles.
-Me habló de todo. Mientras más me esmeraba en mostrar mi indignación más agradable se me hacía conversar con él. No era un iletrado como yo pensaba. Sus hijos eran educados y su esposa me pareció encantadora. Casi terminando la velada, me dijo, como si se tratara de una agradable remembranza, que se había quedado sin trabajo. Y empecé a pedir dinero, al principio era temporal, luego me fui acostumbrando y sabe qué. Entendí algo por primera vez en mi vida, esta casa y todo lo que poseo es gracias a la culpa de la gente. Miró mi cara de sorpresa y continuó. Algo malo has hecho ¿no? Me dijo. Seguro te robaste los cigarrillos de algún compañero. Y por eso me diste tus monedas, querías compensar tu culpa. Lo mismo sucede con todos los que me han solventado estos largos años. La culpa es algo con lo que la gente no quiere lidiar. Ahora entiende cadete me dijo. Te he dado una clase que no te la darán en la escuela. Le agradecí la cena y en tono irónico le dije estamos a mano. Usted se tomó mi coca cola y yo me comí su comida. Nuestra culpa está purgada. En ocasiones lo busqué para tomarnos unas cervezas. Es un gran hombre. Me alegro que se haya retirado, ya está viejo.
-Entonces mi Comandante me agarraron de cojudo.
-Tú lo has dicho.
martes, 27 de abril de 2010
domingo, 28 de marzo de 2010
Musa europea
-¿Qué haría una Ornella Mutti trabajando en la oficina de una entidad pública?- dijo Raúl.
-Ayer me aceptó en el Messenger y nos quedamos chateando hasta la madrugada-dijo José rebosante de felicidad.
-¡Buena compadre!. Y, qué dice la famosa.
-Hablamos de todo, pero lo más importante es que le pregunté si la podía tutear. Me dijo que sí. Desde hoy es simplemente Camila, pero cuando haya más confianza yo le diré Camilita.
-Te vas a pelar compadre. Deshazte de toda duda. Anda y búscala. La miras a lo lejos. Así te ahorras todo el desencanto.
-Nada de desencanto. Estoy seguro que ella es mi musa.
-Me pregunto cómo será la susodicha-dijo Mery en tono de broma.
-Es todo lo que necesito. Su vocecita me vuelve loco. Cuando me dice “señor José envíeme please urgente la cotización”. Es tan sexy. Me la imagino en sus tacones punta aguja y sus panty medias labradas. Con su blusa ceñida, su cabello recogido y unos lentes.
-Sí compadre y con un lápiz en la boca-dijo Raúl con su acostumbrada sonrisa picarona.
Los tres amigos rieron.
-La tía ya vino y si te encuentra así medio en la nube, te echa compadre déjate de tonterías-Raúl le golpea la cabeza como llamándole la atención-Oye, tú necesitas trabajar o es pura finta ¿ah?-Dicho esto empieza a comer una manzana.
-¡Ay mono viejo!. Así es el amor. Me siento tan enamorado. Ni me importa la tía, total ella no es la Gerente.
-¿Enamorado de una voz? –dijo Raúl-¿Quién pensaría que el galán del área se enamoró de una voz?.
-¡Ah! mi belleza italiana. Anoche después que hablamos me quedé dormido y me soñé con ella. Que me decía que me quería. Estoy tan feliz.
-¡Por qué la hora del almuerzo se pasa volando y cuando estoy trabajando las horas se hacen eternas!-dijo Mery a regañadientes.
-¡Ah! mi adorada Camila Candiotti-dijo José suspirando.
José tenía veinte años y la primera vez que vio a Ornella Mutti se enamoró de ella. “il solen ella pelle”, el sol en la piel, repetía en italiano. Últimamente siempre llevaba un diccionario de bolsillo para aprender un poco del idioma. José esperaba enamorarse de una mujer tan bella como Ornella. Camila debía serlo, pues, en sus primeras conversaciones, le había dicho que sus abuelos eran italianos y que para no romper la costumbre estaba aprendiendo el idioma para algún día viajar al país de sus ancestros.
La señorita Candiotti esperaba con ansias la voz de José, quien con sus buenos tratos había llamado su atención. El hombre que le llenaba la tarde. Ése hombre no podía ser un fiasco. Sentía que lo conocía de toda la vida.
-Y ¿cómo va el idilio con la famosa señorita Candiotti?-preguntó Raúl.
-¡Viento en popa!-dijo José.
-O sea que me ausento unos días y tu avanzas, felicitaciones compadre.
-Ya concretamos una cita. Una mesa con vista al mar-dijo José poniéndose el audífono que se había sacado para escuchar a Raúl.
-¿Qué estás escuchando?-preguntó Raúl.
-“Ti amo” de Humberto Tozzi. Sabe un poco de italiano mi bella ragatza. Estudia en el Raimondi.
-Qué romanticón me saliste.
-Me ha dedicado "Yo no se vivir sin ti" de Raffaella Carra, pero la versión en italiano por supuesto.
Sentados los tres mejores amigos comentaban el tema de la semana. Mery se divertía escuchando al recientemente enamorado José.
-Este menú va de mal en peor-dijo Mery.
-A mí me parece bien-dijo José como queriendo fastidiar a Mery.
-Oye a ti te podrían traer gusanos y te los comerías. Como andas tan embelesado con tu musita-dijo Raúl como defendiendo a Mery.
Mery se ponía china de la risa. Y la comida insípida se le hacía más digerible.
Raúl regresó de la comisión que lo había ausentado un par de semanas de la empresa. Había salido con un catálogo de ventas de los nuevos productos para algunas provincias. Pero la emoción de estar en Lima era principalmente saber qué había con su entrañable amigo José y su musa italiana. Para su sorpresa el asiento de José se encontraba vacío. Se dirigió hacia Mery. Hoy no vendrá. Se reportó enfermo.
-¿Qué fue de la señorita Candiotti?
-Era una morena de un metro ochenta, flaca y fea-rió Mery maliciosamente.
-Se lo dije.
-Ni te imaginas cómo ha estado.
-Ya se le pasará-volvió a sonreír Raúl burlonamente-Esto le sirve de lección.
Ni Raúl ni Mery querían tocarle el tema. José simplemente comentaba “No era mi tipo de mujer”. A lo que ellos trataban inútilmente de aguantar las carcajadas.
-Búrlense, si quieren-decía José sin enfadarse.
A las pocas semanas, Raúl sorprendió a José in fraganti mirando fotos de Brigitte Bardot en su computador.
-Y ahora compadre en qué andas ah-dijo Raúl-quieres que te boten. Felizmente que te encontré yo y no la tía.
-Sabía que eras tú mono viejo.
-Al parecer cambiaste a la italiana por la francesa-dijo Raúl.
-¡José! ¡José! Tienes una llamada-dijo Mery tapando el teléfono con su mano. Es la señorita Marie Mercier.
-Ayer me aceptó en el Messenger y nos quedamos chateando hasta la madrugada-dijo José rebosante de felicidad.
-¡Buena compadre!. Y, qué dice la famosa.
-Hablamos de todo, pero lo más importante es que le pregunté si la podía tutear. Me dijo que sí. Desde hoy es simplemente Camila, pero cuando haya más confianza yo le diré Camilita.
-Te vas a pelar compadre. Deshazte de toda duda. Anda y búscala. La miras a lo lejos. Así te ahorras todo el desencanto.
-Nada de desencanto. Estoy seguro que ella es mi musa.
-Me pregunto cómo será la susodicha-dijo Mery en tono de broma.
-Es todo lo que necesito. Su vocecita me vuelve loco. Cuando me dice “señor José envíeme please urgente la cotización”. Es tan sexy. Me la imagino en sus tacones punta aguja y sus panty medias labradas. Con su blusa ceñida, su cabello recogido y unos lentes.
-Sí compadre y con un lápiz en la boca-dijo Raúl con su acostumbrada sonrisa picarona.
Los tres amigos rieron.
-La tía ya vino y si te encuentra así medio en la nube, te echa compadre déjate de tonterías-Raúl le golpea la cabeza como llamándole la atención-Oye, tú necesitas trabajar o es pura finta ¿ah?-Dicho esto empieza a comer una manzana.
-¡Ay mono viejo!. Así es el amor. Me siento tan enamorado. Ni me importa la tía, total ella no es la Gerente.
-¿Enamorado de una voz? –dijo Raúl-¿Quién pensaría que el galán del área se enamoró de una voz?.
-¡Ah! mi belleza italiana. Anoche después que hablamos me quedé dormido y me soñé con ella. Que me decía que me quería. Estoy tan feliz.
-¡Por qué la hora del almuerzo se pasa volando y cuando estoy trabajando las horas se hacen eternas!-dijo Mery a regañadientes.
-¡Ah! mi adorada Camila Candiotti-dijo José suspirando.
José tenía veinte años y la primera vez que vio a Ornella Mutti se enamoró de ella. “il solen ella pelle”, el sol en la piel, repetía en italiano. Últimamente siempre llevaba un diccionario de bolsillo para aprender un poco del idioma. José esperaba enamorarse de una mujer tan bella como Ornella. Camila debía serlo, pues, en sus primeras conversaciones, le había dicho que sus abuelos eran italianos y que para no romper la costumbre estaba aprendiendo el idioma para algún día viajar al país de sus ancestros.
La señorita Candiotti esperaba con ansias la voz de José, quien con sus buenos tratos había llamado su atención. El hombre que le llenaba la tarde. Ése hombre no podía ser un fiasco. Sentía que lo conocía de toda la vida.
-Y ¿cómo va el idilio con la famosa señorita Candiotti?-preguntó Raúl.
-¡Viento en popa!-dijo José.
-O sea que me ausento unos días y tu avanzas, felicitaciones compadre.
-Ya concretamos una cita. Una mesa con vista al mar-dijo José poniéndose el audífono que se había sacado para escuchar a Raúl.
-¿Qué estás escuchando?-preguntó Raúl.
-“Ti amo” de Humberto Tozzi. Sabe un poco de italiano mi bella ragatza. Estudia en el Raimondi.
-Qué romanticón me saliste.
-Me ha dedicado "Yo no se vivir sin ti" de Raffaella Carra, pero la versión en italiano por supuesto.
Sentados los tres mejores amigos comentaban el tema de la semana. Mery se divertía escuchando al recientemente enamorado José.
-Este menú va de mal en peor-dijo Mery.
-A mí me parece bien-dijo José como queriendo fastidiar a Mery.
-Oye a ti te podrían traer gusanos y te los comerías. Como andas tan embelesado con tu musita-dijo Raúl como defendiendo a Mery.
Mery se ponía china de la risa. Y la comida insípida se le hacía más digerible.
Raúl regresó de la comisión que lo había ausentado un par de semanas de la empresa. Había salido con un catálogo de ventas de los nuevos productos para algunas provincias. Pero la emoción de estar en Lima era principalmente saber qué había con su entrañable amigo José y su musa italiana. Para su sorpresa el asiento de José se encontraba vacío. Se dirigió hacia Mery. Hoy no vendrá. Se reportó enfermo.
-¿Qué fue de la señorita Candiotti?
-Era una morena de un metro ochenta, flaca y fea-rió Mery maliciosamente.
-Se lo dije.
-Ni te imaginas cómo ha estado.
-Ya se le pasará-volvió a sonreír Raúl burlonamente-Esto le sirve de lección.
Ni Raúl ni Mery querían tocarle el tema. José simplemente comentaba “No era mi tipo de mujer”. A lo que ellos trataban inútilmente de aguantar las carcajadas.
-Búrlense, si quieren-decía José sin enfadarse.
A las pocas semanas, Raúl sorprendió a José in fraganti mirando fotos de Brigitte Bardot en su computador.
-Y ahora compadre en qué andas ah-dijo Raúl-quieres que te boten. Felizmente que te encontré yo y no la tía.
-Sabía que eras tú mono viejo.
-Al parecer cambiaste a la italiana por la francesa-dijo Raúl.
-¡José! ¡José! Tienes una llamada-dijo Mery tapando el teléfono con su mano. Es la señorita Marie Mercier.
domingo, 14 de marzo de 2010
Treinta años de vida artística…
Estoy próxima a cumplir treinta años de vida artística. Aunque en ocasiones pensé seriamente en retirarme, siempre me llegaba un guión nuevo por aprender. Prefiero las comedias a los dramas, pero curiosamente casi siempre me llegan éstos últimos. La improvisación es una técnica que me cuesta aplicar debido a mi extrema timidez, y quizás por ello, me es difícil integrar el elenco de una comedia.
Obtener un buen rol toma su tiempo. Tiene que ver mucho con la apariencia. La mía es seria por lo que los papeles carismáticos me han sido esquivos. También he sido extra. Como ya les dije todo tiene que ver con la apariencia. En aquella época estaba gorda y en todas mis escenas aparecía comiendo y mi texto era limitado. Entenderán que mi autoestima estaba por los suelos.
Pero ser extra ayuda también. Hace unos años, con varios kilos menos, acepté este rol, el cual me ayudó a mirar mi entorno. Los artistas olvidamos el entorno y nos concentramos demasiado en nosotros mismos. Andamos como en las nubes y olvidamos que somos falibles. Desde mi sitio observé el declive de algunas estrellas cuando ya nadie quiere verlas brillar. Es triste.
Me he cruzado por las calles con artistas de mi generación, a las cuales dejé de ver por alguna u otra razón. Recuerden que la vida de un artista es itinerante. Con ninguna me detuve a conversar. Recuerden que los artistas somos egocentristas. Hubiéramos intentado robarnos mutuamente las líneas del guión y realmente la escena habría sido un desastre. Quién diría que compartimos alguna vez el escenario.
A lo largo de estos años, artistas han entrado y salido de escena. Algunos aguardan detrás del telón, repasando sus líneas hasta que llegue su turno. Me gustaría compartir roles con los que se fueron y no volví a ver más. Sería una grata sorpresa.
He querido regresar a antiguas locaciones, como la del colegio y reencontrarme con las artistas de aquella época para recordar los agradables momentos que compartimos en escena. Pero la verdad es que reunir un elenco es lo más difícil y costoso de realizar.
Lo más interesante de ser un artista y por lo que precisamente no me he aburrido en estos años, es que una vez realizada la escena, no podemos repetirla. Por lo que cada una debe vivirse intensamente, como el beso que me dio ayer Héctor.
A los artistas nos acusan últimamente de poco ingenio y creatividad. Solemos escenificar las mismas historias y los mismos finales. Recuerden que la vida de un artista es dura, e innovar es un riesgo que no asumimos con facilidad, por lo que la tendencia ha sido seguir al resto. Una boda suntuosa siempre garantiza la atención del público.
Debo confesar que en escena nunca he tenido un lleno total o grandes ovaciones. Pero uno se debe a su público por más reducido que éste sea. Tampoco me he publicitado. Un buen artista debe hacerlo. Es casi un estigma. Pero no me culpen. Les he dicho que soy tímida. No tengo club de fans ni he firmado autógrafos. Pero esto no me afecta porque he comprobado que los artistas más viles llenan sus carencias mostrando sus opulencias materiales, consiguiendo con esto la atención de miles de seguidores.
Hay papeles para los que nunca me llamarían. En parte tengo la culpa. La vida de un artista es exigente y demanda desarrollar ciertas habilidades. Jamás sería astronauta, ni una nadadora, menos una cantante. Al final del día me acuesto complacida con mi interpretación. A la mañana siguiente quizás, deje mis miedos a un lado y me atreva a improvisar un poco.
Obtener un buen rol toma su tiempo. Tiene que ver mucho con la apariencia. La mía es seria por lo que los papeles carismáticos me han sido esquivos. También he sido extra. Como ya les dije todo tiene que ver con la apariencia. En aquella época estaba gorda y en todas mis escenas aparecía comiendo y mi texto era limitado. Entenderán que mi autoestima estaba por los suelos.
Pero ser extra ayuda también. Hace unos años, con varios kilos menos, acepté este rol, el cual me ayudó a mirar mi entorno. Los artistas olvidamos el entorno y nos concentramos demasiado en nosotros mismos. Andamos como en las nubes y olvidamos que somos falibles. Desde mi sitio observé el declive de algunas estrellas cuando ya nadie quiere verlas brillar. Es triste.
Me he cruzado por las calles con artistas de mi generación, a las cuales dejé de ver por alguna u otra razón. Recuerden que la vida de un artista es itinerante. Con ninguna me detuve a conversar. Recuerden que los artistas somos egocentristas. Hubiéramos intentado robarnos mutuamente las líneas del guión y realmente la escena habría sido un desastre. Quién diría que compartimos alguna vez el escenario.
A lo largo de estos años, artistas han entrado y salido de escena. Algunos aguardan detrás del telón, repasando sus líneas hasta que llegue su turno. Me gustaría compartir roles con los que se fueron y no volví a ver más. Sería una grata sorpresa.
He querido regresar a antiguas locaciones, como la del colegio y reencontrarme con las artistas de aquella época para recordar los agradables momentos que compartimos en escena. Pero la verdad es que reunir un elenco es lo más difícil y costoso de realizar.
Lo más interesante de ser un artista y por lo que precisamente no me he aburrido en estos años, es que una vez realizada la escena, no podemos repetirla. Por lo que cada una debe vivirse intensamente, como el beso que me dio ayer Héctor.
A los artistas nos acusan últimamente de poco ingenio y creatividad. Solemos escenificar las mismas historias y los mismos finales. Recuerden que la vida de un artista es dura, e innovar es un riesgo que no asumimos con facilidad, por lo que la tendencia ha sido seguir al resto. Una boda suntuosa siempre garantiza la atención del público.
Debo confesar que en escena nunca he tenido un lleno total o grandes ovaciones. Pero uno se debe a su público por más reducido que éste sea. Tampoco me he publicitado. Un buen artista debe hacerlo. Es casi un estigma. Pero no me culpen. Les he dicho que soy tímida. No tengo club de fans ni he firmado autógrafos. Pero esto no me afecta porque he comprobado que los artistas más viles llenan sus carencias mostrando sus opulencias materiales, consiguiendo con esto la atención de miles de seguidores.
Hay papeles para los que nunca me llamarían. En parte tengo la culpa. La vida de un artista es exigente y demanda desarrollar ciertas habilidades. Jamás sería astronauta, ni una nadadora, menos una cantante. Al final del día me acuesto complacida con mi interpretación. A la mañana siguiente quizás, deje mis miedos a un lado y me atreva a improvisar un poco.
jueves, 11 de marzo de 2010
Si el Manchas se convierte en hombre
El Manchas llegó un sábado a mi casa. Mi hermana me dijo que era lindo. Yo le creí y me entusiasmé con la idea de albergarlo unos cuantos días hasta que le consiguiéramos un hogar. Nosotros ya teníamos a la Preciosa, una cocker blanca, aunque el veterinario nos ha dicho que es albina porque los de su raza son color caramelo. Preciosa hace honor a su nombre, consiguiendo que las personas se le acerquen para acariciarla. Yo le enseñé a dar la patita y esta gracia la hace más encantadora.
Mi hermana lo conoció unas semanas antes. Tiempo después le pregunté por qué lo había recogido. Lo vio varias veces por el Mercado de Magdalena. En dos ocasiones le dejó comida y puedo percatarse del bulto que colgaba de su cuello. La conmovió tanto aquello que decidió recogerlo para buscarle un hogar. Previamente lo había llevado al veterinario y éste le drenó el bulto y le dijo que no era un tumor sino el producto de una infección mal curada, quizás por un ataque de otro perro.
Su estadía en mi casa sería temporal. Esa fue la condición que impuso mi papá para que se quedara. Mi hermana nos prometió que le conseguiría un hogar pronto. Bibi aquí está el Manchas me dijo. Me imaginaba al perro lindo que ella había descrito, pero no era más que un flaquito de mirada perdida. Quise acariciarlo y fingir que me gustaba, pero los perros sienten la falsedad y me evitó en todo momento.
Con el tiempo encontré su mirada y comprendí su nobleza. El Manchas es tímido. No exige mucho. Acepta con humildad mi cariño. Le gusta dormir y verlo así me recuerda lo apacible de su alma. En la calle en cambio, ladra fuerte y la gente le tiene miedo. Nadie cree que es bueno y noble.
Ha pasado más de un año desde aquel sábado en que mi hermana prometió conseguirle un hogar al Manchas. Mi papá es el más encariñado con él, en cambio no soporta a la Preciosa porque le parece muy malcriada para ser un simple perro.
Le he dicho a Héctor que si el Manchas se convierte en un hombre me casaría sin dudarlo con él. Porque adoro su nobleza. Y cómo sería el Manchas si fuera un hombre me ha preguntado Héctor. Sería un hombre de mediana estatura, delgado, rostro lánguido, iluminado por unos hermosos ojos claros. Tendría el alma pura y un corazón noble. Le gustaría estar cerca mío y yo contaría las horas para verlo de nuevo. Le hablaría y él sólo escucharía. Se ha reído Héctor. Con su sonrisa socarrona. Sabe que se parece un poco al Manchas y por eso lo quiero. Tienes algo de perro creo haberle dicho.
Mi hermana lo conoció unas semanas antes. Tiempo después le pregunté por qué lo había recogido. Lo vio varias veces por el Mercado de Magdalena. En dos ocasiones le dejó comida y puedo percatarse del bulto que colgaba de su cuello. La conmovió tanto aquello que decidió recogerlo para buscarle un hogar. Previamente lo había llevado al veterinario y éste le drenó el bulto y le dijo que no era un tumor sino el producto de una infección mal curada, quizás por un ataque de otro perro.
Su estadía en mi casa sería temporal. Esa fue la condición que impuso mi papá para que se quedara. Mi hermana nos prometió que le conseguiría un hogar pronto. Bibi aquí está el Manchas me dijo. Me imaginaba al perro lindo que ella había descrito, pero no era más que un flaquito de mirada perdida. Quise acariciarlo y fingir que me gustaba, pero los perros sienten la falsedad y me evitó en todo momento.
Con el tiempo encontré su mirada y comprendí su nobleza. El Manchas es tímido. No exige mucho. Acepta con humildad mi cariño. Le gusta dormir y verlo así me recuerda lo apacible de su alma. En la calle en cambio, ladra fuerte y la gente le tiene miedo. Nadie cree que es bueno y noble.
Ha pasado más de un año desde aquel sábado en que mi hermana prometió conseguirle un hogar al Manchas. Mi papá es el más encariñado con él, en cambio no soporta a la Preciosa porque le parece muy malcriada para ser un simple perro.
Le he dicho a Héctor que si el Manchas se convierte en un hombre me casaría sin dudarlo con él. Porque adoro su nobleza. Y cómo sería el Manchas si fuera un hombre me ha preguntado Héctor. Sería un hombre de mediana estatura, delgado, rostro lánguido, iluminado por unos hermosos ojos claros. Tendría el alma pura y un corazón noble. Le gustaría estar cerca mío y yo contaría las horas para verlo de nuevo. Le hablaría y él sólo escucharía. Se ha reído Héctor. Con su sonrisa socarrona. Sabe que se parece un poco al Manchas y por eso lo quiero. Tienes algo de perro creo haberle dicho.
domingo, 7 de marzo de 2010
La Rosa que no conocía
Ese día fui a la Universidad para revisar unos expedientes. Soy egresada y la señora encargada me los presta con el pase que me dan en la entrada. Los leo tranquilamente para decidir cuál llevaré. Este año sacaré mi título de abogada y debo escoger un buen expediente. Ninguno me ha convencido. Es sábado y sólo atienden hasta el mediodía. Los devuelvo y salgo sin prisa. Entrego mi pase y me dan mi documento de identidad. Corro para alcanzar una combi. Si se me pasa deberé esperar mucho hasta que venga otra. Guardo el documento en la cartera sin mirarlo. A medio camino el cobrador me dice ¡pasaje, pasaje!. Saco mi billetera y me doy cuenta que mi documento está dando vueltas y puede perderse. Decido guardarlo en la billetera. Y qué estoy viendo. Me han dado otro D.N.I. a mí que suelo ser tan cuidadosa. Bueno, me bajaré en el próximo paradero y tomaré la combi de regreso a la Universidad.
La universidad está cerrada, pero en la caseta de vigilancia hay tres agentes, dos hombres y una mujer. A ella le entregué mi documento y me dio el de otra persona. Un error lo comete cualquiera. Me siento incómoda pero llego sonriente con la seguridad de solucionar este percance.
-Buenas tardes-Saco el documento de mi cartera y se lo muestro-Señorita este documento no es mío, me ha dado el de otra persona.
Lo mira y me mira. Parece que me dará la razón.
-Este es su documento-se queda callada un segundo y repite-Este es su documento.
Esta mujer se está burlando de mí pensé. Es difícil para ella reconocer que se equivocó delante de sus compañeros.
-No señorita-le digo de manera educada-Yo no soy Rosa Dávila.
Ella ni se inmuta. Más bien me mira como si fuera una orate. Con ella no lograré un buen entendimiento. El otro hombre me ignora y el que parece más joven me sonríe.
-Joven-me acerco a él-Ésta señorita no soy yo-le digo segurísima que me dará la razón y le alcanzo el documento.
-Sí es usted-dice y se pone serio.
Esta situación me empieza a desesperar, pero guardo la calma.
-Joven fíjese bien por favor-le digo casi en tono de súplica.
Acerca sus ojos a mi cara y examina mi rostro al detalle. Le sonrío y ahora sí me dará la razón.
-Es usted señorita-me dice con firmeza.
Paso saliva. Tomo aire y miro la foto con detenimiento. Me percato que esta mujer se parece a mí. Es cierto. Pero no soy yo. ¡Imposible!. Cómo los convenzo. Regreso con la señorita.
-Señorita. Usted debe haber entregado por error mi documento a Rosa Dávila. Trate de recordarla.
-No me puedo haber equivocado porque el día de hoy la única visita que entró fue usted-se acerca y me muestra el cuaderno donde aparece el nombre: Rosa Dávila. Pasa el dedito por el nombre y me dice: Mire.
El cuaderno dice la hora en que yo entré diez de la mañana y la hora que salí doce y cinco del mediodía. Claramente dice Rosa Dávila.
-¡Cómo es posible!-les digo con cara angustiada-Quiero hablar con el supervisor.
El otro vigilante que me había ignorado hasta ese momento me dice: “Viene mañana”.
-Esto tiene que aclararse-digo alzando la voz -¡Exijo una explicación!. ¡Me voy a quejar!. ¡Esto es un maltrato!-Mis palabras no lograban intimidarlos. Me siento frustrada, incomprendida. Debo parecerles una tonta que habla sin sentido. Pero qué hago. Estoy perdiendo mi tiempo.
-Señorita, usted puede venir mañana si desea y hablar con el supervisor- dice el hombre joven como queriendo librarse de mí.
-Qué me va a solucionar él. Yo hablaré con las autoridades de la Universidad.
Pensaba cómo estas personas tratan de convencerme que yo no soy yo y hago mi último intento por hacer entrar en razón a la señorita.
-Señorita. Pudo haber pasado que usted haya olvidado anotar mi ingreso y que…
-La única visita que ha entrado es usted-dice cortándome.
Cuando venga la tal Rosa Dávila a reclamar su documento. Éstos se van a arrepentir de haberme tratado como si estuviera loca.
-Ahora qué hago yo con un documento que no me pertenece. Estoy segura que la señorita Rosa Dávila estará tan indignada como yo-finalizo pero ellos ya ni me miran.
Me voy resignada. Les debo parecer una maleducada porque ni me despido. Estoy rumbo a mi casa y pienso que el lunes se solucionará todo cuando la tal Rosa Dávila devuelva mi documento. A estas horas ya debe haberse dado cuenta que se llevó el mío. Si yo fui descuidada, ella también. Ya nos parecemos en algo. Me río sola. Y cuando les cuente a mis padres ellos también lo harán. Saco el documento y miro la foto. Se parece a mi esta mujer por eso se han confundido. Tenemos casi la misma edad. Dicen que todos tenemos un doble, quizás ella es mi doble. Ojalá pueda conocerla y ver si se parece tanto a mí. Lo que por un momento me había ofuscado ahora me daba risa. Cómo se han atrevido a cuestionar mi identidad. Mis padres jamás me hubiesen puesto ese nombre. A mi me gusta el mío y no Rosa. Qué feo nombre. Me río de nuevo.
Llego por fin a mi casa. El camino es largo y estoy exhausta. Encuentro a mis padres en la sala. Están mirando televisión. Mi madre me pregunta si ya almorcé. Le digo no. Me sirve el almuerzo. Y deciden acompañarme.
Empiezo a contarles lo que para mí se había convertido en una historia graciosa.
-Me han dado el documento de otra mujer. Y los vigilantes creen que esa mujer soy yo. Y hasta me han mirado mal como si estuviera loca.
Mis padres sonrieron. “Todo tiene solución”, dice mi padre dándome aliento, y yo sigo comiendo feliz porque tengo mucha hambre. Luego de unos minutos mi madre me dice como recordando algo.
-Ah hijita, me olvidaba-trae algo en la mano-te llegó esta carta.
-¿Quién me la enviará?-digo en voz alta.
-Es de tu mejor amiga Verónica.
-¿Verónica?-pero yo no conozco a ninguna Verónica pienso.
Abro el sobre y la carta comienza con un efusivo “QUERIDA ROSA”, escrito con plumón fucsia y en mayúscula.
-A propósito hijita-dice mi padre-Cómo se llamaba la mujer por la que te confundieron.
La universidad está cerrada, pero en la caseta de vigilancia hay tres agentes, dos hombres y una mujer. A ella le entregué mi documento y me dio el de otra persona. Un error lo comete cualquiera. Me siento incómoda pero llego sonriente con la seguridad de solucionar este percance.
-Buenas tardes-Saco el documento de mi cartera y se lo muestro-Señorita este documento no es mío, me ha dado el de otra persona.
Lo mira y me mira. Parece que me dará la razón.
-Este es su documento-se queda callada un segundo y repite-Este es su documento.
Esta mujer se está burlando de mí pensé. Es difícil para ella reconocer que se equivocó delante de sus compañeros.
-No señorita-le digo de manera educada-Yo no soy Rosa Dávila.
Ella ni se inmuta. Más bien me mira como si fuera una orate. Con ella no lograré un buen entendimiento. El otro hombre me ignora y el que parece más joven me sonríe.
-Joven-me acerco a él-Ésta señorita no soy yo-le digo segurísima que me dará la razón y le alcanzo el documento.
-Sí es usted-dice y se pone serio.
Esta situación me empieza a desesperar, pero guardo la calma.
-Joven fíjese bien por favor-le digo casi en tono de súplica.
Acerca sus ojos a mi cara y examina mi rostro al detalle. Le sonrío y ahora sí me dará la razón.
-Es usted señorita-me dice con firmeza.
Paso saliva. Tomo aire y miro la foto con detenimiento. Me percato que esta mujer se parece a mí. Es cierto. Pero no soy yo. ¡Imposible!. Cómo los convenzo. Regreso con la señorita.
-Señorita. Usted debe haber entregado por error mi documento a Rosa Dávila. Trate de recordarla.
-No me puedo haber equivocado porque el día de hoy la única visita que entró fue usted-se acerca y me muestra el cuaderno donde aparece el nombre: Rosa Dávila. Pasa el dedito por el nombre y me dice: Mire.
El cuaderno dice la hora en que yo entré diez de la mañana y la hora que salí doce y cinco del mediodía. Claramente dice Rosa Dávila.
-¡Cómo es posible!-les digo con cara angustiada-Quiero hablar con el supervisor.
El otro vigilante que me había ignorado hasta ese momento me dice: “Viene mañana”.
-Esto tiene que aclararse-digo alzando la voz -¡Exijo una explicación!. ¡Me voy a quejar!. ¡Esto es un maltrato!-Mis palabras no lograban intimidarlos. Me siento frustrada, incomprendida. Debo parecerles una tonta que habla sin sentido. Pero qué hago. Estoy perdiendo mi tiempo.
-Señorita, usted puede venir mañana si desea y hablar con el supervisor- dice el hombre joven como queriendo librarse de mí.
-Qué me va a solucionar él. Yo hablaré con las autoridades de la Universidad.
Pensaba cómo estas personas tratan de convencerme que yo no soy yo y hago mi último intento por hacer entrar en razón a la señorita.
-Señorita. Pudo haber pasado que usted haya olvidado anotar mi ingreso y que…
-La única visita que ha entrado es usted-dice cortándome.
Cuando venga la tal Rosa Dávila a reclamar su documento. Éstos se van a arrepentir de haberme tratado como si estuviera loca.
-Ahora qué hago yo con un documento que no me pertenece. Estoy segura que la señorita Rosa Dávila estará tan indignada como yo-finalizo pero ellos ya ni me miran.
Me voy resignada. Les debo parecer una maleducada porque ni me despido. Estoy rumbo a mi casa y pienso que el lunes se solucionará todo cuando la tal Rosa Dávila devuelva mi documento. A estas horas ya debe haberse dado cuenta que se llevó el mío. Si yo fui descuidada, ella también. Ya nos parecemos en algo. Me río sola. Y cuando les cuente a mis padres ellos también lo harán. Saco el documento y miro la foto. Se parece a mi esta mujer por eso se han confundido. Tenemos casi la misma edad. Dicen que todos tenemos un doble, quizás ella es mi doble. Ojalá pueda conocerla y ver si se parece tanto a mí. Lo que por un momento me había ofuscado ahora me daba risa. Cómo se han atrevido a cuestionar mi identidad. Mis padres jamás me hubiesen puesto ese nombre. A mi me gusta el mío y no Rosa. Qué feo nombre. Me río de nuevo.
Llego por fin a mi casa. El camino es largo y estoy exhausta. Encuentro a mis padres en la sala. Están mirando televisión. Mi madre me pregunta si ya almorcé. Le digo no. Me sirve el almuerzo. Y deciden acompañarme.
Empiezo a contarles lo que para mí se había convertido en una historia graciosa.
-Me han dado el documento de otra mujer. Y los vigilantes creen que esa mujer soy yo. Y hasta me han mirado mal como si estuviera loca.
Mis padres sonrieron. “Todo tiene solución”, dice mi padre dándome aliento, y yo sigo comiendo feliz porque tengo mucha hambre. Luego de unos minutos mi madre me dice como recordando algo.
-Ah hijita, me olvidaba-trae algo en la mano-te llegó esta carta.
-¿Quién me la enviará?-digo en voz alta.
-Es de tu mejor amiga Verónica.
-¿Verónica?-pero yo no conozco a ninguna Verónica pienso.
Abro el sobre y la carta comienza con un efusivo “QUERIDA ROSA”, escrito con plumón fucsia y en mayúscula.
-A propósito hijita-dice mi padre-Cómo se llamaba la mujer por la que te confundieron.
Hace tiempo...
Decidimos entrar. En la puerta un tipo fornido con cara de pocos amigos, me deja pasar pero a Jorge lo revisa de pies a cabeza. La escena me parece cómica. Es temprano. Somos los únicos clientes. Nuestra mesa está pegada a una ventana. Me parece bien. Más allá los meseros se entretienen doblando servilletas. Es la primera vez que estoy en “Mama Batata”. Vaya nombre pienso. Estaré para estos sitios me pregunto. Un aroma malicioso llama mi atención. ¡Bah! no son más que canastas de paja colgando del techo. Yo pensaba que era marihuana. Mi suspicacia me lleva a veces a la estupidez. Jorge pide una cerveza y yo que ando emocionada con probar un trago nuevo cada vez que salimos, me decido por un “sex on the beach”. La música es buena. Para mi pesar hay un televisor y están pasando un partido de fútbol. Jorge finge que me escucha pero él vive embobado con ese deporte y sus ojitos se pierden en aquella pantalla.
Termina el partido y regresa conmigo. Sus ojos ahora me miran. Aprovecho mi incipiente ebriedad y le pregunto si le atrae otra mujer. Intuyo que sí. Me dice no. Insisto. Sé que hablará. Le hablo con soltura como si fuera una mujer “open minded”. Lo sorprendo y le gusto más así. Pienso que piensa que no soy tan santita como cree. Soy humana Jorge me olvidé de decirte. Me gusto a mi misma con mi nueva actitud de mente abierta. Me dice sí, me atrae otra mujer. Ahora pienso que la verdad duele. Quién será me pregunto y se lo pregunto también. Me obsesiona saberlo todo. Una ex con la que sólo estuvo dos meses y él se quedó con ganas de concretar algo. Ella me atrae me dice. Tiene algo esa mujer. Y nuevamente siento que la verdad duele. Me cuenta que se la encontró cuando ya éramos enamorados. Le escribió para verse. Hubieras ido pues le digo, yo nunca me enteraría. No me gusta hacer sufrir a alguien que me importa me dice y yo pienso que es por mi y me sale con que no le haría daño a ella. Sonrío de nervios. Nota mi sorpresa pero no se desdice. En el fondo aprecio su sinceridad. Te la hubieras tirado le dije. Es la primera vez que digo tirar delante de Jorge. Me da vergüenza hablar así. Pero él me entiende. Debo parecerle graciosa con mi carita de buena. Me da igual. Estoy medio ebria. Continuo. Le digo nunca me hubiera enterado. Y empiezo a hablarle de mí. Me doy cuenta que me descubrió. Se ha dado cuenta que me gusta otro chico. Sí pues. Tú no insistes. No te obsesiona saberlo todo. A mi si.
Sin pensarlo el local se había llenado. Las mesas estaban copadas y la gente que entraba se quedaba de pie junto a la barra o por donde pudiera esperando que la banda empezara a tocar. Una canción de Shakira para comenzar. La vocalista no es muy bonita. Su voz la reivindica. Se siente una estrella, sonríe y la miran. Más tarde, el guitarrista agarra el micrófono. Quiere parecer gracioso. Nos recuerda que es jueves santo. Nadie ríe.
Ya casi no logro ver el escenario. Está repleto. Estiro mi cuello y levanto mi cabecita. Parezco interesada en ver al grupo de desconocidos. Un conchudo sin mesa se acerca y apaga su cigarro en nuestro cenicero. Ya no podemos hablar. Observamos aquel bullicio. Por un momento pienso en decirle a Jorge ¡vámonos!. Una voz que debe ser mi otro yo o yo misma, quién sabe, me dice ¡quédate¡. Me quedo. Jorge me sonríe. Quiero otro trago. Te vas a cruzar me dice. Tú te cruzas bien feo. Te pones a llorar y empiezas con tu drama. Es verdad.
Mi mirada se queda fija en una chica menudita, con un cuerpito a las justas. Medio agraciada. Parece tener eso que dicen sex appeal. Tiene un trago en la mano y se mueve con la música. Lleva un vestido simplón. Se le trasluce la ropa interior. Busca que un hombre interesante la aborde, le hable al oído. Se le pega un hombre bajito, que se mueve tan eléctricamente como ella. El pata se da cuenta que no tiene chance. La tipa lo desprecia. Se voltea y le molesta tenerlo tan cerca. Qué mala noche para él. Pienso viene gente sola como buscando algo. Quizás me equivoco. Siempre lo hago. Yo qué hago aquí y miro a mi Jorge. Lo tengo a él. En el fondo soy tan igual como los solos de aquella noche que buscan algo. Qué cosa me pregunto. Es bueno estar solo me ha dicho Jorge algunas veces. Yo soy terca y no me atrevo a mi soledad.
Jorge paga la cuenta y me dice para salir. Me parece bien. Ya es suficiente por una noche. Salimos. Me abraza. Tenemos hambre. “Bembos” está abierto. Hace frío y hay gente que compra helados. Nosotros pedimos hamburguesas de carne. Le sonrío al joven que nos toma la orden. Él me mira como si estuviera loca. Debe ser porque me río sin sentido. El trago me pone así. Recibimos el pedido. Me quedo pensando en el chico que nos atendió.
Miro a Jorge y siento por una milésima de segundo que me ama. Todo parece ser perfecto cuando dejo de lado mis pensamientos maliciosos.
¡Pucha¡ Claudia me dice. Pone esa carita de niño bueno que me gusta. Deja a un lado la hamburguesa como si le causara un repentino asco. Me asombra porque él es tragón. Me dice ya es viernes santo. Pienso y digo. ¡Carajo¡ y sigo comiendo como diciendo qué me importa.
Termina el partido y regresa conmigo. Sus ojos ahora me miran. Aprovecho mi incipiente ebriedad y le pregunto si le atrae otra mujer. Intuyo que sí. Me dice no. Insisto. Sé que hablará. Le hablo con soltura como si fuera una mujer “open minded”. Lo sorprendo y le gusto más así. Pienso que piensa que no soy tan santita como cree. Soy humana Jorge me olvidé de decirte. Me gusto a mi misma con mi nueva actitud de mente abierta. Me dice sí, me atrae otra mujer. Ahora pienso que la verdad duele. Quién será me pregunto y se lo pregunto también. Me obsesiona saberlo todo. Una ex con la que sólo estuvo dos meses y él se quedó con ganas de concretar algo. Ella me atrae me dice. Tiene algo esa mujer. Y nuevamente siento que la verdad duele. Me cuenta que se la encontró cuando ya éramos enamorados. Le escribió para verse. Hubieras ido pues le digo, yo nunca me enteraría. No me gusta hacer sufrir a alguien que me importa me dice y yo pienso que es por mi y me sale con que no le haría daño a ella. Sonrío de nervios. Nota mi sorpresa pero no se desdice. En el fondo aprecio su sinceridad. Te la hubieras tirado le dije. Es la primera vez que digo tirar delante de Jorge. Me da vergüenza hablar así. Pero él me entiende. Debo parecerle graciosa con mi carita de buena. Me da igual. Estoy medio ebria. Continuo. Le digo nunca me hubiera enterado. Y empiezo a hablarle de mí. Me doy cuenta que me descubrió. Se ha dado cuenta que me gusta otro chico. Sí pues. Tú no insistes. No te obsesiona saberlo todo. A mi si.
Sin pensarlo el local se había llenado. Las mesas estaban copadas y la gente que entraba se quedaba de pie junto a la barra o por donde pudiera esperando que la banda empezara a tocar. Una canción de Shakira para comenzar. La vocalista no es muy bonita. Su voz la reivindica. Se siente una estrella, sonríe y la miran. Más tarde, el guitarrista agarra el micrófono. Quiere parecer gracioso. Nos recuerda que es jueves santo. Nadie ríe.
Ya casi no logro ver el escenario. Está repleto. Estiro mi cuello y levanto mi cabecita. Parezco interesada en ver al grupo de desconocidos. Un conchudo sin mesa se acerca y apaga su cigarro en nuestro cenicero. Ya no podemos hablar. Observamos aquel bullicio. Por un momento pienso en decirle a Jorge ¡vámonos!. Una voz que debe ser mi otro yo o yo misma, quién sabe, me dice ¡quédate¡. Me quedo. Jorge me sonríe. Quiero otro trago. Te vas a cruzar me dice. Tú te cruzas bien feo. Te pones a llorar y empiezas con tu drama. Es verdad.
Mi mirada se queda fija en una chica menudita, con un cuerpito a las justas. Medio agraciada. Parece tener eso que dicen sex appeal. Tiene un trago en la mano y se mueve con la música. Lleva un vestido simplón. Se le trasluce la ropa interior. Busca que un hombre interesante la aborde, le hable al oído. Se le pega un hombre bajito, que se mueve tan eléctricamente como ella. El pata se da cuenta que no tiene chance. La tipa lo desprecia. Se voltea y le molesta tenerlo tan cerca. Qué mala noche para él. Pienso viene gente sola como buscando algo. Quizás me equivoco. Siempre lo hago. Yo qué hago aquí y miro a mi Jorge. Lo tengo a él. En el fondo soy tan igual como los solos de aquella noche que buscan algo. Qué cosa me pregunto. Es bueno estar solo me ha dicho Jorge algunas veces. Yo soy terca y no me atrevo a mi soledad.
Jorge paga la cuenta y me dice para salir. Me parece bien. Ya es suficiente por una noche. Salimos. Me abraza. Tenemos hambre. “Bembos” está abierto. Hace frío y hay gente que compra helados. Nosotros pedimos hamburguesas de carne. Le sonrío al joven que nos toma la orden. Él me mira como si estuviera loca. Debe ser porque me río sin sentido. El trago me pone así. Recibimos el pedido. Me quedo pensando en el chico que nos atendió.
Miro a Jorge y siento por una milésima de segundo que me ama. Todo parece ser perfecto cuando dejo de lado mis pensamientos maliciosos.
¡Pucha¡ Claudia me dice. Pone esa carita de niño bueno que me gusta. Deja a un lado la hamburguesa como si le causara un repentino asco. Me asombra porque él es tragón. Me dice ya es viernes santo. Pienso y digo. ¡Carajo¡ y sigo comiendo como diciendo qué me importa.
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