Decidimos entrar. En la puerta un tipo fornido con cara de pocos amigos, me deja pasar pero a Jorge lo revisa de pies a cabeza. La escena me parece cómica. Es temprano. Somos los únicos clientes. Nuestra mesa está pegada a una ventana. Me parece bien. Más allá los meseros se entretienen doblando servilletas. Es la primera vez que estoy en “Mama Batata”. Vaya nombre pienso. Estaré para estos sitios me pregunto. Un aroma malicioso llama mi atención. ¡Bah! no son más que canastas de paja colgando del techo. Yo pensaba que era marihuana. Mi suspicacia me lleva a veces a la estupidez. Jorge pide una cerveza y yo que ando emocionada con probar un trago nuevo cada vez que salimos, me decido por un “sex on the beach”. La música es buena. Para mi pesar hay un televisor y están pasando un partido de fútbol. Jorge finge que me escucha pero él vive embobado con ese deporte y sus ojitos se pierden en aquella pantalla.
Termina el partido y regresa conmigo. Sus ojos ahora me miran. Aprovecho mi incipiente ebriedad y le pregunto si le atrae otra mujer. Intuyo que sí. Me dice no. Insisto. Sé que hablará. Le hablo con soltura como si fuera una mujer “open minded”. Lo sorprendo y le gusto más así. Pienso que piensa que no soy tan santita como cree. Soy humana Jorge me olvidé de decirte. Me gusto a mi misma con mi nueva actitud de mente abierta. Me dice sí, me atrae otra mujer. Ahora pienso que la verdad duele. Quién será me pregunto y se lo pregunto también. Me obsesiona saberlo todo. Una ex con la que sólo estuvo dos meses y él se quedó con ganas de concretar algo. Ella me atrae me dice. Tiene algo esa mujer. Y nuevamente siento que la verdad duele. Me cuenta que se la encontró cuando ya éramos enamorados. Le escribió para verse. Hubieras ido pues le digo, yo nunca me enteraría. No me gusta hacer sufrir a alguien que me importa me dice y yo pienso que es por mi y me sale con que no le haría daño a ella. Sonrío de nervios. Nota mi sorpresa pero no se desdice. En el fondo aprecio su sinceridad. Te la hubieras tirado le dije. Es la primera vez que digo tirar delante de Jorge. Me da vergüenza hablar así. Pero él me entiende. Debo parecerle graciosa con mi carita de buena. Me da igual. Estoy medio ebria. Continuo. Le digo nunca me hubiera enterado. Y empiezo a hablarle de mí. Me doy cuenta que me descubrió. Se ha dado cuenta que me gusta otro chico. Sí pues. Tú no insistes. No te obsesiona saberlo todo. A mi si.
Sin pensarlo el local se había llenado. Las mesas estaban copadas y la gente que entraba se quedaba de pie junto a la barra o por donde pudiera esperando que la banda empezara a tocar. Una canción de Shakira para comenzar. La vocalista no es muy bonita. Su voz la reivindica. Se siente una estrella, sonríe y la miran. Más tarde, el guitarrista agarra el micrófono. Quiere parecer gracioso. Nos recuerda que es jueves santo. Nadie ríe.
Ya casi no logro ver el escenario. Está repleto. Estiro mi cuello y levanto mi cabecita. Parezco interesada en ver al grupo de desconocidos. Un conchudo sin mesa se acerca y apaga su cigarro en nuestro cenicero. Ya no podemos hablar. Observamos aquel bullicio. Por un momento pienso en decirle a Jorge ¡vámonos!. Una voz que debe ser mi otro yo o yo misma, quién sabe, me dice ¡quédate¡. Me quedo. Jorge me sonríe. Quiero otro trago. Te vas a cruzar me dice. Tú te cruzas bien feo. Te pones a llorar y empiezas con tu drama. Es verdad.
Mi mirada se queda fija en una chica menudita, con un cuerpito a las justas. Medio agraciada. Parece tener eso que dicen sex appeal. Tiene un trago en la mano y se mueve con la música. Lleva un vestido simplón. Se le trasluce la ropa interior. Busca que un hombre interesante la aborde, le hable al oído. Se le pega un hombre bajito, que se mueve tan eléctricamente como ella. El pata se da cuenta que no tiene chance. La tipa lo desprecia. Se voltea y le molesta tenerlo tan cerca. Qué mala noche para él. Pienso viene gente sola como buscando algo. Quizás me equivoco. Siempre lo hago. Yo qué hago aquí y miro a mi Jorge. Lo tengo a él. En el fondo soy tan igual como los solos de aquella noche que buscan algo. Qué cosa me pregunto. Es bueno estar solo me ha dicho Jorge algunas veces. Yo soy terca y no me atrevo a mi soledad.
Jorge paga la cuenta y me dice para salir. Me parece bien. Ya es suficiente por una noche. Salimos. Me abraza. Tenemos hambre. “Bembos” está abierto. Hace frío y hay gente que compra helados. Nosotros pedimos hamburguesas de carne. Le sonrío al joven que nos toma la orden. Él me mira como si estuviera loca. Debe ser porque me río sin sentido. El trago me pone así. Recibimos el pedido. Me quedo pensando en el chico que nos atendió.
Miro a Jorge y siento por una milésima de segundo que me ama. Todo parece ser perfecto cuando dejo de lado mis pensamientos maliciosos.
¡Pucha¡ Claudia me dice. Pone esa carita de niño bueno que me gusta. Deja a un lado la hamburguesa como si le causara un repentino asco. Me asombra porque él es tragón. Me dice ya es viernes santo. Pienso y digo. ¡Carajo¡ y sigo comiendo como diciendo qué me importa.
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