domingo, 28 de marzo de 2010

Musa europea

-¿Qué haría una Ornella Mutti trabajando en la oficina de una entidad pública?- dijo Raúl.
-Ayer me aceptó en el Messenger y nos quedamos chateando hasta la madrugada-dijo José rebosante de felicidad.
-¡Buena compadre!. Y, qué dice la famosa.
-Hablamos de todo, pero lo más importante es que le pregunté si la podía tutear. Me dijo que sí. Desde hoy es simplemente Camila, pero cuando haya más confianza yo le diré Camilita.
-Te vas a pelar compadre. Deshazte de toda duda. Anda y búscala. La miras a lo lejos. Así te ahorras todo el desencanto.
-Nada de desencanto. Estoy seguro que ella es mi musa.
-Me pregunto cómo será la susodicha-dijo Mery en tono de broma.
-Es todo lo que necesito. Su vocecita me vuelve loco. Cuando me dice “señor José envíeme please urgente la cotización”. Es tan sexy. Me la imagino en sus tacones punta aguja y sus panty medias labradas. Con su blusa ceñida, su cabello recogido y unos lentes.
-Sí compadre y con un lápiz en la boca-dijo Raúl con su acostumbrada sonrisa picarona.
Los tres amigos rieron.
-La tía ya vino y si te encuentra así medio en la nube, te echa compadre déjate de tonterías-Raúl le golpea la cabeza como llamándole la atención-Oye, tú necesitas trabajar o es pura finta ¿ah?-Dicho esto empieza a comer una manzana.
-¡Ay mono viejo!. Así es el amor. Me siento tan enamorado. Ni me importa la tía, total ella no es la Gerente.
-¿Enamorado de una voz? –dijo Raúl-¿Quién pensaría que el galán del área se enamoró de una voz?.
-¡Ah! mi belleza italiana. Anoche después que hablamos me quedé dormido y me soñé con ella. Que me decía que me quería. Estoy tan feliz.
-¡Por qué la hora del almuerzo se pasa volando y cuando estoy trabajando las horas se hacen eternas!-dijo Mery a regañadientes.
-¡Ah! mi adorada Camila Candiotti-dijo José suspirando.

José tenía veinte años y la primera vez que vio a Ornella Mutti se enamoró de ella. “il solen ella pelle”, el sol en la piel, repetía en italiano. Últimamente siempre llevaba un diccionario de bolsillo para aprender un poco del idioma. José esperaba enamorarse de una mujer tan bella como Ornella. Camila debía serlo, pues, en sus primeras conversaciones, le había dicho que sus abuelos eran italianos y que para no romper la costumbre estaba aprendiendo el idioma para algún día viajar al país de sus ancestros.

La señorita Candiotti esperaba con ansias la voz de José, quien con sus buenos tratos había llamado su atención. El hombre que le llenaba la tarde. Ése hombre no podía ser un fiasco. Sentía que lo conocía de toda la vida.

-Y ¿cómo va el idilio con la famosa señorita Candiotti?-preguntó Raúl.
-¡Viento en popa!-dijo José.
-O sea que me ausento unos días y tu avanzas, felicitaciones compadre.
-Ya concretamos una cita. Una mesa con vista al mar-dijo José poniéndose el audífono que se había sacado para escuchar a Raúl.
-¿Qué estás escuchando?-preguntó Raúl.
-“Ti amo” de Humberto Tozzi. Sabe un poco de italiano mi bella ragatza. Estudia en el Raimondi.
-Qué romanticón me saliste.
-Me ha dedicado "Yo no se vivir sin ti" de Raffaella Carra, pero la versión en italiano por supuesto.


Sentados los tres mejores amigos comentaban el tema de la semana. Mery se divertía escuchando al recientemente enamorado José.
-Este menú va de mal en peor-dijo Mery.
-A mí me parece bien-dijo José como queriendo fastidiar a Mery.
-Oye a ti te podrían traer gusanos y te los comerías. Como andas tan embelesado con tu musita-dijo Raúl como defendiendo a Mery.
Mery se ponía china de la risa. Y la comida insípida se le hacía más digerible.

Raúl regresó de la comisión que lo había ausentado un par de semanas de la empresa. Había salido con un catálogo de ventas de los nuevos productos para algunas provincias. Pero la emoción de estar en Lima era principalmente saber qué había con su entrañable amigo José y su musa italiana. Para su sorpresa el asiento de José se encontraba vacío. Se dirigió hacia Mery. Hoy no vendrá. Se reportó enfermo.
-¿Qué fue de la señorita Candiotti?
-Era una morena de un metro ochenta, flaca y fea-rió Mery maliciosamente.
-Se lo dije.
-Ni te imaginas cómo ha estado.
-Ya se le pasará-volvió a sonreír Raúl burlonamente-Esto le sirve de lección.

Ni Raúl ni Mery querían tocarle el tema. José simplemente comentaba “No era mi tipo de mujer”. A lo que ellos trataban inútilmente de aguantar las carcajadas.
-Búrlense, si quieren-decía José sin enfadarse.

A las pocas semanas, Raúl sorprendió a José in fraganti mirando fotos de Brigitte Bardot en su computador.
-Y ahora compadre en qué andas ah-dijo Raúl-quieres que te boten. Felizmente que te encontré yo y no la tía.
-Sabía que eras tú mono viejo.
-Al parecer cambiaste a la italiana por la francesa-dijo Raúl.
-¡José! ¡José! Tienes una llamada-dijo Mery tapando el teléfono con su mano. Es la señorita Marie Mercier.

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