Estoy próxima a cumplir treinta años de vida artística. Aunque en ocasiones pensé seriamente en retirarme, siempre me llegaba un guión nuevo por aprender. Prefiero las comedias a los dramas, pero curiosamente casi siempre me llegan éstos últimos. La improvisación es una técnica que me cuesta aplicar debido a mi extrema timidez, y quizás por ello, me es difícil integrar el elenco de una comedia.
Obtener un buen rol toma su tiempo. Tiene que ver mucho con la apariencia. La mía es seria por lo que los papeles carismáticos me han sido esquivos. También he sido extra. Como ya les dije todo tiene que ver con la apariencia. En aquella época estaba gorda y en todas mis escenas aparecía comiendo y mi texto era limitado. Entenderán que mi autoestima estaba por los suelos.
Pero ser extra ayuda también. Hace unos años, con varios kilos menos, acepté este rol, el cual me ayudó a mirar mi entorno. Los artistas olvidamos el entorno y nos concentramos demasiado en nosotros mismos. Andamos como en las nubes y olvidamos que somos falibles. Desde mi sitio observé el declive de algunas estrellas cuando ya nadie quiere verlas brillar. Es triste.
Me he cruzado por las calles con artistas de mi generación, a las cuales dejé de ver por alguna u otra razón. Recuerden que la vida de un artista es itinerante. Con ninguna me detuve a conversar. Recuerden que los artistas somos egocentristas. Hubiéramos intentado robarnos mutuamente las líneas del guión y realmente la escena habría sido un desastre. Quién diría que compartimos alguna vez el escenario.
A lo largo de estos años, artistas han entrado y salido de escena. Algunos aguardan detrás del telón, repasando sus líneas hasta que llegue su turno. Me gustaría compartir roles con los que se fueron y no volví a ver más. Sería una grata sorpresa.
He querido regresar a antiguas locaciones, como la del colegio y reencontrarme con las artistas de aquella época para recordar los agradables momentos que compartimos en escena. Pero la verdad es que reunir un elenco es lo más difícil y costoso de realizar.
Lo más interesante de ser un artista y por lo que precisamente no me he aburrido en estos años, es que una vez realizada la escena, no podemos repetirla. Por lo que cada una debe vivirse intensamente, como el beso que me dio ayer Héctor.
A los artistas nos acusan últimamente de poco ingenio y creatividad. Solemos escenificar las mismas historias y los mismos finales. Recuerden que la vida de un artista es dura, e innovar es un riesgo que no asumimos con facilidad, por lo que la tendencia ha sido seguir al resto. Una boda suntuosa siempre garantiza la atención del público.
Debo confesar que en escena nunca he tenido un lleno total o grandes ovaciones. Pero uno se debe a su público por más reducido que éste sea. Tampoco me he publicitado. Un buen artista debe hacerlo. Es casi un estigma. Pero no me culpen. Les he dicho que soy tímida. No tengo club de fans ni he firmado autógrafos. Pero esto no me afecta porque he comprobado que los artistas más viles llenan sus carencias mostrando sus opulencias materiales, consiguiendo con esto la atención de miles de seguidores.
Hay papeles para los que nunca me llamarían. En parte tengo la culpa. La vida de un artista es exigente y demanda desarrollar ciertas habilidades. Jamás sería astronauta, ni una nadadora, menos una cantante. Al final del día me acuesto complacida con mi interpretación. A la mañana siguiente quizás, deje mis miedos a un lado y me atreva a improvisar un poco.
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otro beso como el de ayer....ya tienes un fan...
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